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- SOCIEDAD
DE MÉDICOS FAMILIARES Y GENERALES DE QUERÉTARO A.C.
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no vive para servir no sirve para vivir |
Hoy
es
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LA FORMACIÓN DE MÉDICOS FAMILIARES EN LATINOAMERICA TIMIDEZ ACADÉMICA Y LIDERAZGO ERRÁTICO.
Family Physicians Training in Latin America: Academic Timidity and Erratic Leadership González-Blasco P,* Ramírez-Villaseñor I,** Bustos-Saldaña R,*** Moreto G.****
Archivos en Medicina Familiar 1 Vol. 7 Núm. 1 enero-abril 2005 pp 1-3 Archivos en Medicina Familiar Artículo Editorial La
respuesta académica de las instituciones formadoras de médicos
familiares en México y en la mayoría de los países latinoamericanos ha
sido muy diversa. Mientras las políticas de salud en estos países han
adoptado el modelo de Salud para Todos, –utilizando a la atención
primaria y la medicina familiar como base de articulación– los
desaciertos en la puesta en marcha del modelo se advierten, sobre todo
en la preparación académica de los médicos que deberían protagonizar
este cambio de paradigma en la promoción de la salud. El escenario está
construido, pero los actores no están preparados. Es justamente la
ausencia de este factor educacional-académico, el objeto primordial de
las presentes reflexiones.
La falta de interés por la medicina
familiar entre los médicos recién graduados contrasta radicalmente con
el interés mostrado por otras especialidades médicas. Esto es resultado
de la respuesta tímida, poco definida y carente de metodología
científica por parte de las facultades de medicina con relación a la
medicina de familia.
Cuando en el pregrado falta el componente
académico educacional que informe y realice los primeros acercamientos
hacia la especialidad en medicina familiar, la consecuencia inmediata
es la pérdida de credibilidad entre los candidatos que prefieren la
seguridad que les ofrece la alta especialización, y no arriesgarse a
ser médicos de “segunda categoría”.
Los programas de residencia
y especialización en medicina familiar están en desventaja con los que
otras especialidades ofrecen, y por lo tanto presentan una menor
demanda.
Vale la pena considerar si es realmente posible –o
mejor, si es sensato– establecer un programa de especialización de una
asignatura que, por estar ausente en el pregrado, los alumnos recién
graduados no lo han visto, ni vivido nunca. Querer resolver con una
residencia lo que no ha sido construido ni fomentado en el pregrado
parece ser una solución paliativa. Aún más grave es la situación de
algunos de los programas actuales de la residencia de medicina
familiar; los cuales están dirigidos a paliar las deficiencias en la
formación de los médicos generales, pero están a gran distancia de la
formación en los métodos y valores de la medicina centrada en la
persona. Imaginemos, por ejemplo, lo que sería ofrecer una residencia
en neurología en una hipotética escuela de medicina donde esta
disciplina estuviese ausente en los años de pregrado.
Probablemente,
los que a ella se dirigieran no sabrían exactamente lo que están
buscando y en muchos casos sería una opción de consolación por no haber
conseguido otros objetivos de mayor prestigio social. Los esfuerzos
formadores en medicina familiar no carecen de buena voluntad y de
empeño sincero.
Pero no bastan estos atributos para tener éxito,
y sólo con buenas intenciones no se construye la ciencia y la
competencia médica. Algunos de los programas de residencia médica y
especialización, fomentados por los responsables de las políticas de
salud, acaban siendo confiadas a liderazgos equivocados. En muchas
ocasiones las universidades, aguijoneadas por la urgencia político-gubernamental, delegan esta importante misión en quien no tiene la preparación adecuada para llevarla a cabo.
Así,
encontramos programas de residencia médica y especialización en
medicina de familia incrustados en Departamentos de Salud Pública, de
Epidemiología, Medicina Preventiva, Medicina Comunitaria y General o lo
que es peor, repartidos entre varias especialidades al mismo tiempo,
sin coordinación y demostrando una ausencia de verdadera identidad como
especialidad consistente.
Sin tratar de simplificar en exceso,
no es difícil encontrar una explicación para este desajuste que la
medicina familiar padece en el ámbito académico universitario. Las
facultades de medicina, ancladas en la seguridad de la alta
especialización responden a la repetida solicitud gubernamental con la
rapidez de quien no quiere distraerse con detalles de menor
importancia, para concentrarse en lo que de verdad les importa: La investigación en ultraespecialidades.
¿Y
la Medicina Familiar?, ¿La promoción de médicos generalistas para
laborar en el campo de la Atención Primaria? Es despachada “por
proximidad” mal entendida hacia departamentos que, teniendo el
correspondiente prestigio, carecen de las competencias adecuadas para
enseñar medicina centrada en la persona. Entender de población, de
estudios epidemiológicos, de salud pública, o de prevención no
significa entender de medicina de familia. Existen otras especialidades
y subespecialidades, que se dirigen al estudio de enfermedades
específicas y no poseen la perspectiva necesaria para cuidar de la
persona razón de ser de la medicina de familia.
Estas
aclaraciones no pretenden convertirse en disputa por delimitar
fronteras de feudos académicos. El centro de la cuestión es demostrar
la identidad de la medicina de familia como especialidad, con cuerpo
propio de conocimientos y competencias específicas. Consentir en que
cualquiera puede hacer –y, lo que es peor, enseñar– medicina familiar,
es lo mismo que decir que se trata de cosas de poca monta, pormenores
que cualquier médico podría resolver con sentido común, en el tiempo
libre que le deje su especialidad. El médico de familia sería, como
lógica conclusión, el que por no conseguir convertirse en nada mejor
tiene que dedicar su vida a lo que sobró, a esos sencillos detalles.
Estamos en total desacuerdo con esa visión.
La
Universidad, como promotora de ideas y vanguardia de la evolución
científica promueve el desarrollo de los estudiantes en competencias
basadas en adelantos tecnológicos.
Pero en muchas ocasiones
descuida el humanismo médico, la formación sobre dilemas éticos y la
educación emocional de los futuros médicos. Estos aspectos son cada vez
más sentidos por los pacientes, y constituyen conocimientos y actitudes
que pueden ser enseñados por buenos médicos familiares. Entre los
modelos de los grandes maestros no suelen encontrarse, en el medio
académico, los médicos familiares. Por citar un ejemplo de nuestra
realidad, en el Centro Universitario del Sur, de la Universidad de
Guadalajara, México, hay sólo tres médicos familiares impartiendo
clases, de un total de 92 plazas. Si queremos estudiantes que nos
sigan, hay que tener ejemplos presentes.
Para enseñar a los
estudiantes conocimientos, destrezas y actitudes que les permitan
atender –por toda la vida– a personas con enfermedades crónicas, se
requiere un profesor que de hecho haga eso en su práctica cotidiana. Si
no se conquista el espacio académico para enseñar esto, la atención
primaria se aprenderá como se pueda de mala manera, y de modo
fragmentado, a través de profesionales sanitarios, cuyas competencias
son específicas y complecompletamente diferentes a las de la medicina
de familia comoespecialidad. Construir y enseñar este paradigma nos
conduce al terreno de la educación médica, uno de los pilares de la
medicina de familia como disciplina académica.
Es necesario
reconocer que los médicos familiares tenemos buena parte de la
responsabilidad en la falta de crédito de la especialidad. Admitamos,
por ejemplo, la ausencia de referenciales de calidad y de programas de
educación continua, que demuestren métodos de actualización científica
de eficacia probada en nuestra especialidad. Vale también destacar el
tiempo que se consume con actividades que lejos de ser académicas
son más de carácter sindicalista y político. Y, finalmente, los
Congresos y actividades científicas organizadas por instituciones de
medicina familiar donde, en vez de ser palco para cambiar experiencias
y construirse como especialistas que saben reflexionar y esculpir sus
competencias específicas, se convierten en una sucesión de conferencias
de otros especialistas invitados.
Nada aquí contra la
actualización en los progresos científicos, a no ser dos sencillas
advertencias. La primera es que la perspectiva de un determinado
especialista en el abordaje del enfermo, nunca será la del médico
familiar, y si lo que se pretende es mejorar la formación de los
médicos de familia no puede estar ausente, en todo momento y como
elemento unificador, esta perspectiva específica. La segunda es que
puede estar latente –en esta actitud de delegar en otros lo que nos
corresponde a nosotros– un cierto complejo de inferioridad profesional.
Puede ser que, sin querer, estemos contribuyendo a perpetuar la idea
negativa de que la medicina de familia es algo que cualquiera puede
hacer y enseñar.
La afirmación de la identidad de la medicina de
familia como especialidad pasa necesariamente por su progresiva
inserción universitaria como disciplina académica. El prestigio de los
médicos de familia que enseñen en las instituciones académicas
implicará tener una postura para hablar de igual a igual con los demás
especialistas; con la conciencia de poseer un paralelismo de
competencias, un cuerpo propio de conocimientos, una metodología
específica que construya sólidas líneas de investigación; de esta
manera el profesor de medicina familiar no se sentirá ni más ni menos
importante que otros especialistas.
Con el objetivo de unir
esfuerzos y fortalecer estas iniciativas educacionales, la directiva de
la SOBRAMFA- Sociedade Brasileira de Medicina de Familia, junto con
algunos profesores de medicina familiar de México han establecido la
Confederación Latinoamericana Académica de Medicina de Familia (CLAMF).
El
proceso de instalación de la Confederación se inició en el IX Congreso
Estatal y VI Congreso Regional de Medicina Familiar en Guadalajara,
México, en septiembre de 2004 y se hizo el lanzamiento oficial en el
XVII Congreso Mundial de Médicos de Familia en Orlando, Estados Unidos
de Norteamérica, un mes después.
La misión de la CLAMF es
congregar a los estudiantes de Latinoamérica interesados en la medicina
de familia, para promover intercambios y fomentar a la educación médica
continuada como una estrategia útil para suplir la ausencia académica
de la medicina familiar en algunos países de Latinoamérica.
Serán
los estudiantes los principales protagonistas de la CLAMF. Los médicos
familiares que tengan interés educacional, así como los profesores de
ciencias de la salud que se sientan llamados a colaborar, podrán
participar en el intercambio multicultural, y darán sustentación al
proyecto con su experiencia profesional y docente La SOBRAMFA acaba de
iniciar en su página web un espacio para este diálogo multicultural
(http://www.sobramfa.com.br/dialogos.php), Su Directiva se compromete a
apoyar la CLAMF, estableciendo el Primer Encuentro Internacional de la
Confederación con ocasión del IX Congreso Académico de Medicina de
Familia, programado en Brasil del 8 al 10 de julio de 2005.
Estas
consideraciones son un llamado sincero que hacemos por toda América
Latina convocando a sus liderazgos. No podemos conformarnos con ser
médicos de familia y dejar las cosas como están. Necesitamos pensar con
seriedad y madurez, ¿quiénes somos?, ¿qué esperamos de nosotros mismos
como personas?, y ¿qué esperamos de nuestra especialidad? Reconocemos
que el privilegio de cuidar de personas es algo que nos ha sido dado, y
que no es para todos, ni tampoco para los que sobraron porque no
se colocaron en otro lugar.
Es, debe ser, una verdadera decisión profesional ponderada que lleve consigo la correspondiente opción
de vida. Ha llegado el momento de un verdadero punto de inflexión en la
marcha, quizá cansina y gris, de la medicina familiar en Latinoamérica.
Es
el momento de comprometerse con la educación en medicina de familia,
como fuerza renovadora que nos conduzca al rumbo académico de la
excelencia. Dejemos de ser mediocres, tratemos de demostrar nuestro
valor académico, social, moral y médico en una sociedad en la que, con
frecuencia, nos sorprende estar trabajando como secretarios,
recepcionistas de pacientes o cuidadores de las actividades de los especialistas de segundo o tercer nivel.
Tratemos
de imponer nuestra imagen y presencia de quien practica la medicina
familiar: una especialidad independiente, completa e integradora. La
credibilidad de nuestra especialidad requiere ese esfuerzo. Nuestros pacientes, que confían en nosotros, lo merecen. El compromiso vocacional que tenemos, lo exige.
Referencias 1. Whitcomb M, Jordan C. The Future of Primary Care Medicine. NEJM 2004; 351(7): 710-712. 2. González-Blasco P. Los cuatro pilares de la Medicina de Familia. Arch Med Fam 2004; 6(2): 31-33. 3. Roncoletta AF, Moreto G, Levites M, Janaudis M, González- Blasco P, Leoto R. Principios da Medicina de Família. SOBRAMFA. São Paulo. 2003. (cfr www.sobramfa.com.br) 4. Blasco PG. Starting Family Medicine in a country: stories from the front line –Panel Plenary Speaker - WONCA 17th World Congress of Family Doctors. Orlando, Florida- October 2004. 5. Mc Whinney I. A textbook of Family Medicine. New York. Oxford University Press. 1997. 6. Improving Health Systems: The Contribution of Family Medicine. A Guidebook. (Collaborative Project of the World Organization of Family Doctors-WONCA & World Health Organization- WHO. www. wonca2004.org y www.globalfamilydoctor.com 7. Rakel RE. Essentials of Family Practice. W.B Saunders (1997) Philadelphia 1993.
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MÉXICO 2007
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